Fue hace 25 años, concretamente el 2 de noviembre de 1984, cuando el Monasterio y Sitio de El Escorial (Monastery and Site of the Escurial, Madrid, tal como aparece reflejado en las actas oficiales) pasó a engrosar la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, donde figura desde entonces como la referencia 318. En la escueta nota que se puede leer hoy en la página web de este organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), se puede leer lo siguiente: “Construido a finales del siglo XVI con arreglo a un trazado en forma de parrilla -en memoria del suplicio infligido al mártir San Lorenzo con este instrumento-, el Monasterio de El Escorial se yergue en un paisaje de Castilla de singular belleza. La austeridad de su estilo rompió con las tendencias arquitectónicas imperantes, ejerciendo posteriormente una acusada influencia en la arquitectura española durante más de medio siglo. Lugar de retiro del rey místico Felipe II en un principio, el Monasterio fue en los últimos años de su reinado el centro del poder político de este monarca, el más poderoso de su época”. Así se presentó también en el octava sesión ordinaria del Comité del Patrimonio Mundial celebrada hace un cuarto de siglo en Buenos Aires, en la que también se aprobó la inclusión en esta exclusiva lista de otros destacados monumentos, entre ellos la Mezquita de Córdoba, la Alhambra y el Generalife de Granada, la Catedral de Burgos, el Parque Güell y otras obras de Gaudí en Barcelona. Actualmente, forman parte de este particular club un total de 41 bienes culturales y naturales en España.
Culminaba así de alguna manera el cuarto centenario de la colocación de la última piedra del Monasterio, celebrado apenas dos meses antes, el 13 de septiembre, dando rango de Patrimonio Mundial al emblemático edificio que surgió de la traza del arquitecto Juan de Herrera.
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